En las profundidades de Oscar Wilde

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Siempre había intentado terminar la novela “De profundis” de Oscar Wilde. Como ciertas películas y libros, ella me observaba atenta desde su estante, tentándome, hasta que la agarraba, la ojeaba y la volvía a cerrar sin conseguir llegar a comprenderla. Comprender porque ha de ser tan larga una carta y comprender porque ha de ser entretenido leer las penurias a las que fue sometido este pobre escritor durante 200 páginas. Hasta hoy.

Como bien supo ver su amigo Robert Ross al publicar esta carta con dicho título, no hay nada más profundo que adentrarse en la mente del artista a partir de su correspondencia, como tampoco hay momento más hondo en la vida de su amigo que las experiencias guardadas en esta carta. “De profundis” se convierte  en el confesionario manuscrito de Wilde quien, mientras abre los ojos a su pasado, lo acepta y logra coger fuerzas para mirar con esperanza hacia el futuro, volviendo a la caverna para intentar, por última vez, salvar el alma de su amante Lord Alfred Douglas, también llamado Bosie, causante de todo su dolor, sus desgracias y su condena.

Nacido en Dublín en 1847 en el seno de una rica familia burguesa, a Oscar Wilde se le conoce por ejemplificar el ideal del dandysmo inglés del siglo XIX. Tal y como dijo Baudelaire, se convierten en la última revelación del heroísmo en una época de decadencia, una puesta de sol, el último rayo radiante del orgullo humano. Oscar Wilde, con su inusitada sensibilidad, admirando la infructuosa existencia del arte, convierte su vida en una experiencia igual de inolvidable e insustituible y, en consecuencia, en una crítica social viviente.  Artísticamente, sus obras ejemplifican el esteticismo literario inglés de finales del XIX, al tiempo que se reconocen, como se reconoce a si mismo, por su propensión a la paradoja, a la excentricidad y a su cuidada belleza sintáctica. Una protesta viviente contra una época igualitaria, trivial y utilitaria “en la cual no sabemos aprovechar nada”.

 

“Yo era una encarnación del arte y la cultura de mi época”                                        “Desperté la imaginación de mi siglo”

 

En “De profundis” nos adentramos en la consciencia de un artista atormentado. Un artista que es consciente del papel que desempeña en su mundo y de la responsabilidad que su don espera de él; y que ahora, afligido por el abandono de su arte durante los años de derroche y caprichos vividos junto a su amante, antepone la esperanza al resentimiento haciendo un bonito canto al dolor. Wilde, paladín del placer, en la cárcel se reconcilia con su dolor, pues vislumbra que, tal y como Cristo supo ver, el pecado y el dolor son caminos hacia la perfección.“El placer para el cuerpo es hermoso; para la belleza del alma, el dolor”. Un camino que se recorre en soledad, en una concepción cada vez más individualista de la vida, en la que antepondrá su propia evolución personal al exigente mundo. Luchar por desarrollar su arte, pues tanto el dolor como el amor son la piedra de toque del gran arte, de la perfección, de Dios.

Finalmente el odio de su amante hacia su padre y la fama que conseguiría este vejando la figura del famoso Wilde como sodomita, hicieron de una guerra externa el fin de un gran artista. Y es que, pese a las esperanzas recogidas en esos dos años de cárcel, morirá tres años más tarde a principio de su nueva vida, pobre, solitario y en agonía…

 

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Ilustración de… una de las novelas de Oscar Wilde, por la diseñadora Madame Yna Majeska. 1930. Fuente: The British Library Board.

 

 

Como siempre, espero que os haya gustado esta nueva entrada y que os anime a leer con detenimiento este libro tan conmovedor. Pues solo con minuciosidad y, tal y como dice Wilde, “imaginación”, se puede disfrutar de la belleza oculta de sus palabras.

– Fuente: Wilde, Oscar. (1999), De profundis. Madrid, España: Edimat Libros, S. A. (con el estudio preliminar de Carmelo Sánchez Castro.)

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